Con lágrimas y un sentimiento de impotencia, las enfermeras Lola Rodríguez e Isabel Coro, ambas acusadas e imputadas por el delito de encubrimiento en el caso del bebé Alexander, revelaron cómo ha cambiado su vida y la de sus familias en los últimos años.

Las dos coinciden en que no han podido superar el trauma que le dejó el caso de la supuesta violación al bebé Alexander que ocurrió en noviembre el 2014.

En ese entonces, Lola Rodríguez (40) era enfermera en el hogar Virgen de Fátima, ahora llamado “Niño Jesús”, que estaba de turno y  a cargo del cuidado de los niños del albergue, entre ellos Alexander, un bebé de ocho meses que por azares del destino llegó a ese institución, después de ser rescatado de sus padres alcohólicos.

Rodríguez recuerda, como si fuera ayer, que ella fue quién en su intento por salvar la vida de la criatura, tomó la decisión de llevar a Alexander al hospital del Niño porque lo vio muy mal de salud.

“Yo lo he llevado, quería salvar la vida del bebé”, dice llorando y reitera que el pequeño no fue víctima de violación como afirma la justicia del país, que por esa situación sentenciaron a 20 años de prisión al médico Jhiery Fernández y a ella le dieron dos años de cárcel por encubrimiento e incumplimiento de deberes.

La mujer revela que después de que el caso estalló a nivel nacional, su vida y la de su familia “se destruyó por completo”, e incluso señala que tuvo que separarse de su esposo y de sus dos hijos porque la depresión la llevó a consumir bebidas alcohólicas.

“Entré a un cuadro de depresión y lo quería es tomar y tomar, a raíz de eso he tenido problemas con mi esposo y mi familia. Por esas audiencias, mi familia se ha desmembrado, yo no podía estar tranquila, peor porque han condenado a un inocente, el doctor Jhiery”, señala.

La enfermera asevera que el fiscal Edwin Blanco “no tiene corazón ni conciencia” y que por su actitud junto a otros jueces ha condenado a inocentes arruinando sus vidas.

Rodriguez perdió su trabajo, y para mantener a sus hijos ahora vende gelatina y comida, y por las noches linaza.

Otra de las afectadas es Isabel Coro, quien pese a que ha pasado tres años y 10 meses del inicio del caso -en ese tiempo era enfermera en el hospital del Niño y fue imputada por encubrimiento-, afirma que no puede superar todo el proceso al que fue sometida.

“Vuelven los recuerdos y me doy cuenta que no he podido superar, me ha dejado secuelas ese problema”, admite Coro entrevistada por la red ATB.

La mujer dice que desde ese día no tiene motivos para sonreír y que la mayor parte del tiempo la pasa “totalmente triste”. También coincide en que al ser involucrada en el caso, se destruyó su vida y afectó a toda su familia.

Después de seis meses de ser imputada, Coro fue la primera procesada por el caso Alexander en obtener su libertad por el delito de encubrimiento en infanticidio.

En las últimas semanas se difundió un audio de la jueza Patricia Pacajes, donde la autoridad judicial admite la condena de un inocente.

LA PAZ/Con datos de ANF y ATB