La población de Montero, Santa Cruz, recibió con indignación, rabia e impotencia, la noticia del deceso del joven Rodrigo Rivera Subirana, de 22 años, que murió de un disparo de arma de fuego en la cabeza, la noche del sábado, en el barrio Urkupiña al norte de la ciudad.

María Luisa Negrete, presidenta del Control Social, pidió la presencia militar en las calles para frenar actos delincuenciales. “No descartamos la posibilidad de que pidamos que ya arranquen como lo hacían antes, antes, yo me acuerdo que también nos prestaba seguridad ciudadana (los militares) y a eso sí que le tiene miedo todo el mundo”, indicó.

Pero también atribuyó el incidente a una sociedad muy permisiva, lo propio en la familia. “Hay padres demasiado complacientes con sus hijos”, acotó.

En el caso de Rivera, el homicida apretó el gatillo para robarle su teléfono celular. Acto seguido se dio a la fuga. La representante de Derechos Humanos, Adela Ortiz, mencionó que las autoridades locales no estarían asumiendo con seriedad la lucha contra la inseguridad ciudadana.

Asimismo, cree que este y otros hechos de sangre son producto de la desintegración familiar.

“No están tomando las cosas en serio, nos faltan instituciones como centros de orientación cuando las familias se separan, porque este es uno de los problemas por el que se incurre en el tema de delincuencia, no tenemos lugares de esparcimiento para nuestros jóvenes, nuestros campos deportivos están olvidados en vez de invertir en que hayan lugares donde los jóvenes puedan recrearse”, aseveró.

SANTA CRUZ/Fides