Afiche de celebración de la Revolución Rusa. (RRSS)
Afiche de celebración de la Revolución Rusa. (RRSS)

En Rusia, a 100 años de la revolución bolchevique de 1917, la memoria histórica sobre las víctimas sigue siendo un tema pendiente. Conozca la historia de Guseva, una habitante de San Petersburgo que lucha para la memoria de su padre, detenido en 1938.

En algunas familias rusas, el trauma de la represión ejercida en la época soviética vuelve a surgir con el centenario de la Revolución bolchevique. Hace exactamente 100 años Lenin y Trotsky tomaban el poder del país más grande del mundo, instaurando la “dictadura del proletariado”.

Ese vuelco de la historia no se hizo sin dificultades: 1917 fue el inicio de una terrible guerra civil entre los bolcheviques y sus opositores, los rusos blancos. En aquel contexto, en los primeros años de la revolución rusa, sus dirigentes, Trotsky y Lenin firmaron el decreto del Terror rojo para quebrantar cualquier intento contrarrevolucionario. El decreto llamaba a aislar y deportar en campos de concentración a los “enemigos de clase”.

Para Irina, Flige, directora de la ONG rusa Memorial, de memoria histórica en San Petersburgo, aquella época constituyó el punto de partida de la violencia política contemporánea en Rusia: “El terror estatal fue el mecanismo inseparable de poder estatal que se formó como uno de los resultados de la revolución de Octubre de 1917. Y la quintaescencia de eso fue el Gran Terror (periodo de las purgas estalinianas). Una de las preguntas que nos hacemos hoy es: ¿Qué recuerdo permanece en Rusia hoy de este siglo de terror, cuando se convirtió en una norma?”, en entrevista con RFI en la sede de la ONG en San Petersburgo.

Las purgas: cientos de miles de víctimas

Fue durante los años 30 cuando la represión contra los opositores de la revolución rusa alcanzó niveles demenciales. Tras la muerte de Lenin, el dirigente Stalin impulsó una política de purgas políticas en todos los sectores de la sociedad. Según el museo de Historia política de San Petersburgo, en tan solo un año, entre 1937 y 1938 más de un millón y medio de personas fueron detenidas por la siniestra policía política, la NKVD, y más de 680.000 personas fueron fusiladas.

El académico de San Petersburgo, especialista en cultura japonesa, Alexander Davidovich Misselman, fue una de estas víctimas. Su hija Guseva, que tiene casi 90 años, aún recuerda la detención de su padre en 1938. “Antes de irse, mi papá, en el umbral de la casa, me dijo “no te preocupes, regreso pronto”, y no volvió nunca”, nos contó Guseva Glazanova, que tenía seis años cuando su padre fue detenido.

En los años 50, tras la muerte de Stalin, el padre de Guseva ya fue rehabilitado por el Estado ruso, como muchas otras víctimas inocentes de las purgas políticas. Su familia colgó incluso una placa conmemorativa en el edificio donde vivía.

La memoria histórica, eclipsada por el nacionalismo ruso

Pero aún quedan por esclarecerse miles de casos. Un trabajo colosal que emprendió la asociación civil Memorial. Su directora Irina Flige observa que todavía hoy, hay resistencias de ciertos sectores a la hora de entregar documentos policiales sobre las purgas de hace 80 años.

Según Flige, la resistencia de ciertos sectores se debe a su voluntad de proteger la institución policial heredada de la época soviética, y también a la ideología nacionalista impulsada por Vladimir Putin. “La ideología del poder ruso actual es la de un gran país, de un gran imperio, de un país que ha ganado todas sus batallas. La cuestión de las víctimas no encaja en esta concepción del país”, constata.

“El Estado considera que las víctimas fueron un sacrificio necesario de un pueblo ruso que se acostumbró a sufrir, a aguantar todo, a sobrevivir a lo peor para una gran victoria”, concluye Flige.

En el contexto del centenario de la Revolución de Octubre, el recuerdo de las víctimas de la época soviética pasa a segundo plano, opacado por la rehabilitación de la figura de Stalin, considerado por muchos rusos como el gran modernizador de Rusia.

MOSCÚ, RUSIA/Tomado de RFI

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