Pasan los días, uno se despierta por la mañana, y ahí sigue Trump

El presidente de Estados Unidos. Donald Trump. (EC)
El presidente de Estados Unidos. Donald Trump. (EC)

Lo más increíble no es que Donald Trump soltara otra tuitorreada de adolescente trastornado la semana pasada, escupiendo sangre y bilis contra una pareja de presentadores de televisión. Ni que ayer el comandante en jefe de Estados Unidos recurriera a una ofensiva gorilesca en su guerra santa contra la CNN.

Lo más increíble no es que Trump degrade la dignidad de su cargo, la de su país y la de su lengua cada vez que convierte sus impulsos en palabras.

Lo más increíble no es, como detalló The New York Times la semana pasada, que haya dicho más de cien mentiras en los cinco meses pasados desde su investidura.

Lo más increíble no es que sus extranjeros favoritos sean déspotas rusos, filipinos o saudíes.

Por eso lo que sí es increíble, lo más increíble y lo más aberrante de la época en la que vivimos, es que el Congreso, la Corte Suprema, los gobernadores y los miembros del gabinete presidencial de Estados Unidos aguanten que semejante energúmeno ocupe el cargo más peligroso de la tierra, que no le hayan destituido por el bien de su país y el de la humanidad; que no hayan recurrido a la Constitución o al sentido común o a lo que sea para forzar su salida; que no hayan seguido la lógica del senador del partido republicano que dijo la semana pasada, como respuesta a aquel grotesco tuit presidencial contra los dos periodistas: “Pare. Por favor pare ya”.

MADRID, ESPAÑA/Tomado del País

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