Campaña en Managua, Nicaragua. (La Prensa. Hn)
Campaña en Managua, Nicaragua. (La Prensa. Hn)

Nicaragua se dirige, este 6 de noviembre, a unas elecciones muy cuestionadas por la ausencia de una oposición real al gobernante sandinista Daniel Ortega, que busca reelegirse por tercera vez consecutiva, y por la falta de observadores internacionales y nacionales.

De ganar las presidenciales, su mujer, la influyente Rosario Murillo, será la vicepresidenta del país.

No habrá observación de la OEA ni la Unión Europea, entes que criticaron duramente el proceso electoral de 2011. “Aquí se acabó la observación”, sentenció Ortega, de 71 años, el pasado 4 de junio, cuando fue proclamado por los sandinistas para aspirar a un cuarto mandato y tercero consecutivo, lo que parece seguro de acuerdo con la única encuestadora que ha revelado datos con vistas a los comicios, la nicaragüense M&R Consultores.

Ortega, de 70 años, es el único candidato con posibilidad de ganar la elección frente a rivales de agrupaciones pequeñas con candidatos apenas conocidos por la población.

El gobernante y candidato supera el 66 % de intención de voto, y su más cercano rival es el exguerrillero de la “Contra” Maximino Rodríguez, de la alianza que encabeza el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), con un 8 %, según M&R.

El presidente sandinista, que coordinó una Junta de Gobierno tras la caída de los Somoza (1979-1985), gobernó Nicaragua por primera vez de 1985 a 1990, inició su segundo mandato en 2007 y el tercero en 2012, cuando fue reelegido en unas cuestionadas elecciones celebradas en noviembre de 2011.

El informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre los comicios de 2011 indicó que su misión de acompañamiento detectó irregularidades.

La UE señaló que Nicaragua sufrió entonces un “retroceso” en su “calidad democrática”, y el estadounidense Centro Carter afirmó que los jueces electorales organizaron y celebraron en 2011 los comicios “más opacos” de los últimos veinte años en ese país.

Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), un ente señalado de estar dominado por el sandinismo, ha dicho que corresponde a los nicaragüenses, con vistas al proceso del 6 de noviembre, la labor de vigilar los comicios y no a un comité de extranjeros.

Así, unos 5,000 representantes universitarios, entre ellos personal del Consejo Nacional de Universidades que dirige el asesor presidencial, Telémaco Talavera, entre otros, han sido los únicos autorizados para presenciar los comicios, además de un grupo de 14 representantes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Perú, República Dominicana y Uruguay.

“Estas elecciones se van a hacer con las reglas del juego de Ortega, no con las reglas del juego legal y constitucional de Nicaragua”, declaró a Efe la escritora nicaragüense Gioconda Belli, quien consideró “muy difícil” que Ortega pueda legitimar un eventual triunfo en unas elecciones cuestionadas en las que no participará el principal bloque opositor.

Sin oposición

Ninguno de los cinco candidatos presidenciales de los partidos políticos que participan como opositores en los comicios alcanza un 10 % en intención de voto.

La lista de partidos y alianzas que participa en el proceso electoral está compuesta por el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Partido Liberal Independiente (PLI), Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Partido Conservador (PC) y Alianza por la República (Apre).

Pero la debilidad de la oposición es tal que en días recientes el presidente de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (AmCham), Roberto Sanson, durante una reunión con cientos de empresarios, retó a sus colegas a mencionar los nombres de más de tres candidatos a la Presidencia con sus acompañantes, y no tuvo respuesta.

Las pocas opciones que se da la oposición en estas elecciones no solamente se deben a su baja popularidad, sino también a que el FSLN se benefició, según sus críticos, de decisiones tomadas por los poderes Judicial, Electoral y Legislativo, que son dominados por los sandinistas.

“Él (Ortega) ha hecho un trabajo sistemático para desmontar a toda la oposición”, apuntó la escritora Gioconda Belli.

Hace cinco meses el FSLN sí tenía un rival importante en el PLI, pero en junio pasado la Corte Suprema de Justicia (CSJ) quitó la representación de esta organización al excanciller Eduardo Montealegre, hasta entonces máximo líder opositor, para otorgársela a Pedro Reyes, un hombre sin casi actividad política.

El PLI de Montealegre aglutinaba a grupos como el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), Partido Acción Ciudadana (PAC), Partido Nueva Alianza Cristiana (Panac), y a disidentes del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que se autodenominaban Coalición Nacional por la Democracia.

Seguidamente el Consejo Supremo Electoral (CSE) desconoció a Montealegre y sus seguidores, y solicitó al Parlamento que Reyes asumiera como líder de la Bancada Partido Liberal Independiente (BAPLI), lo que fue aceptado por el Legislativo.

El mismo Parlamento, controlado por los sandinistas, destituyó a 28 diputados (12 propietarios y 16 suplentes) por negarse a obedecer a Reyes.

La Coalición Nacional por la Democracia intentó ir a las elecciones bajo la personalidad de partidos que estaban pendientes de recibirla, pero los poderes Judicial y Electoral las denegó.

Como resultado la Coalición se disgregó: Montealegre se distanció de la política y disidentes del PLC lideran manifestaciones por elecciones “libres, transparentes y representativas” bajo el nombre de Frente Amplio por la Democracia (FAD).

Reyes, señalado por la oposición como un colaborador del FSLN, no logró liderar la Bancada Partido Liberal Independiente (BAPLI) en la Asamblea Nacional, terminó declinando su candidatura presidencial por el PLI en favor de otro aspirante, y debió renunciar a su cargo como representante legal del partido.

Mientras, el PLC, cuyo jefe es el expresidente Arnoldo Alemán (1997-2002), que enfrentó juicios por corrupción, puso como candidato al exguerrillero de la “Contra” Maximino Rodríguez, quien dice que no cree en las encuestas.

El PLI finalmente se lanzó a las elecciones con el ganadero José del Carmen Alvarado como candidato, y la ALN con el reverendo Saturnino Cerrato, el PC con el abogado Erick Cabezas, y por el Apre el empresario Carlos Canales.

Tampoco ayuda a la oposición que solamente el FSLN parece estar en campaña electoral.

“En vez de que tengamos una fiesta electoral como debiera ser, más bien pareciera que no hay un proceso electoral”, se quejó el dirigente de AmCham.

El contexto apunta que la oposición, sin su principal bloque, no pinta en esta contienda electoral, y que el FSLN obtendrá un 75 % de los 92 diputados de la Asamblea Nacional (AN-Parlamento).

El restante 25 % de los escaños se repartirá entre el PLC y el PLI, aunque en la práctica será un Parlamento “monocolor”, dice el analista político José Antonio Peraza Collado.

MANAGUA, NICARAGUA/Agencias