Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

Lunes 25 julio 2016.

                        El candidato presidencial republicano, Donald Trump, ha roto ya muchos esquemas electorales. Es de una agresividad aparentemente descontrolada y con un vocabulario subido de tono. Plantea posiciones ultra conservadoras y nadie puede garantizar que esas posturas chocantes las mantenga desde la Casa Blanca pues da la sensación como candidato que busca tener como enemigos a la mayor cantidad de gobiernos posibles, incluso algunos de los tradicionales aliados de Estados Unidos.

                     Pero la postulación presidencial del millonario de “cara colorada”  ha sembrado sus discursos de agrias protestas contra los políticos. Esto invita a una reflexión serena y profunda.

                        En Estados  Unidos, como en muchos países del mundo, los políticos profesionales están desacreditados por ineficientes, corruptos y mentirosos. Incluso pareciera obligatorio que muchos gobernantes utilicen la mentira como rutina discursiva. Trump se muestra como empresario sin querer ubicarse como político. Esa postura no sólo agrada a los estadounidenses más conservadores de tierra adentro, sino también a gente profesional más joven por su novedad y por haber puesto el dedo en una de las llagas permanentes de su economía: inflación descontrolada por los gastos fiscales. Ese país necesita multiplicar su eficiencia en muchos escenarios y Trump promete conseguirlo.

                        El próximo 8 de noviembre, de acuerdo a la tradición estadounidense de elecciones presidenciales el primer martes de noviembre, los electores de los 50 Estados de la Unión decidirán si Trump califica para ser el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sus votos decidirán el futuro en el corto plazo de Estados Unidos y de todo el mundo.

Gracias, epi

 

 

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