Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Domingo 24 julio 2016.

                        En Bolivia existe una cierta confusión entre diálogo y negociación. Las autoridades invitan al diálogo a sectores adversarios, como la Central Obrera Bolivia (COB) en estos días a propósito del masivo despido de unas 850 personas sin previo aviso de la Empresa Nacional de Textiles (ENATEX).

                        Ese diálogo del gobierno nada tiene que ver con una negociación entre partes en conflicto. El diálogo es escuchar y proponer, pero en este caso, las autoridades parecen escuchar muy poco y sólo plantean órdenes que disgustan a sus interlocutores sindicales.

                        Una cosa es charlar sobre un problema y otra muy diferentes negociar una solución al conflicto para satisfacción de las partes. La negociación exige claridad en los temas a tratarse y definición en las posibilidades de flexibilizar posiciones. No se puede negociar si uno de los grupos se niega a conceder nada al otro. En ese caso se podría definir ese supuesto diálogo como una orden de una parte (gobierno) a la otra (COB) para que la Central Sindical obedezca la instrucción oficial con el disfraz de diálogo.

                        El actual gobierno no ha mostrado, en general, voluntad de negociar, sino más bien intención de ordenar. No está clara la posición gubernamental pues no siempre se sabe si el gobierno quiere dialogar en el nivel político o en el empresarial. Las autoridades sostienen, pese a sus fracasos evidentes en diversas áreas, la urgente necesidad de potenciar un capitalismo de Estado, con empleados sin derechos laborales plenos. Tras el cierre de ENATEX prohibió que los privados puedan cerrar sus fábricas. Es como jugar al póker con cartas marcadas. Se gana siempre. No es dable un gobierno político y empresario a la vez.

Gracias, epi

 

 

 

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