Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Jueves 30 junio 2016.

                        La ciencia es la gran ausente en la vida boliviana diaria. La investigación científica es casi inexistente en los ambientes gubernamental, privado y universitario. Esta situación se debe en gran medida a que el conocimiento no es apreciado. La política está sobrevalorada y por ende las verdades valen casi nada.

                        La Ciencia exige conocimiento, investigación, método, procedimiento, planificación, evaluación y debate permanente para verificar avances o retrocesos en su desarrollo.

                        La meritocracia ya no está de moda en el país. Hace algunos años se realizaron esfuerzos con logros desiguales para que los méritos profesionales, científicos y de otras características fueran tomados en cuenta en la designación de cargos. En el tiempo presente lo que vale es la “muñeca” con pocas excepciones. En un trabajo se puede pasar de un puesto por decisiones desconocidas.

                        Por ende, pese al maquillaje de algunas cifras, el país retrocede. Sin ciencia no puede haber desarrollo, aunque exista progreso. El progreso es superficial, el desarrollo estructural. La mentira quiere ganarle a la verdad y, por consiguiente, la demagogia a la ciencia.

                        Aquí se confunde con frecuencia técnica con ciencia. La técnica es producto de importación de equipos o de copias extranjeras. Se difunden nuevas técnicas, pero con procesos científicos importados o adquiridos “así nomás”.

                        En América Latina, salvo excepciones, la ciencia no es cultivada pues exige esfuerzo, constancia y disciplina con mirada futurista. En la región se impone el facilismo. Los resultados están a la vista: seguimos rezagados porque solo la ciencia es el cimiento del desarrollo total. Una autocrítica regional haría posible que nuestros maravillosos pueblos hicieran valer sus cualidades por medio de la ciencia.

Gracias, epi

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