Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Miércoles 22 junio 2016.

         Uno de los temas centrales para nuestro futuro es el análisis de nuestra Deuda Externa. Por el momento se mantiene dentro de parámetros confiables en relación a nuestro actual Producto Interno Bruto (PIB) en torno al 22 %. Pero, el valor de nuestras ventas al exterior está en descenso. El de nuestras importaciones, sobre todo en bienes de capital, está de bajada también.

             Si el gobierno no quiere perder el control de la deuda externa tiene dos alternativas: facilitar las inversiones privadas o solicitar préstamos en el exterior. Ambas conllevan costos políticos y sociales que son inevitables.

       Las autoridades han tomado, por el momento, una decisión prudente, pero preocupante: mantener el fuerte impulso a la inversión pública. Prudente porque permite conservar la demanda agregada de los últimos cinco años y así mucha gente puede seguir con dinero en el bolsillo para gastarla o invertirla.

             Esta situación es preocupante porque con la actual ideología dominante, el sector privado es poco tomado en cuenta. Dos ejemplos son muestra de ello: los porcentajes del último incremento salarial y el anuncio de un nuevo doble aguinaldo para fin de año.

           Con estas dos decisiones gubernamentales hay poco estímulo a las inversiones empresariales. Sin una confiada inversión privada nuestra economía no podrá crecer de forma auto sostenible.

             Si las autoridades no cambian su rumbo actual, podrían apalancar sus inversiones con el aumento de la deuda externa. Aquello no parece ser buena decisión porque la ineficiencia de nuestra economía es duro lastre para el futuro. Las cifras no son resultado de discursos, sino producto de trabajo, eficiencia, honestidad y claridad estratégica.

 Gracias, epi

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