Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Sábado 18 junio 2016.

                        La libertad es el primer derecho en democracia. Privar a un ser humano de la libertad sin un juicio cabal es un delito grave. Cantamos con devoción en nuestro Himno Nacional: “antes morir que esclavos vivir”. Cuando Simón Bolívar  escribió a la Asamblea Constituyente y Fundadora de la República en La Plata (hoy Sucre) en julio de 1825 y se preguntaba qué significaba, Bolivia, a lo cual respondió: “un desenfrenado canto por la libertad”.

                        Los jueces son los protagonistas de ese deber primordial en un Estado de Derecho. Su misión es de independencia porque la justicia es una balanza según sus imágenes seculares. No puede haber justicia si poderes ajenos imponen sus sentencias.

                        América Latina es una región dada a discursos, a promesas y a crueldades inhumanas. En este hemisferio, con tierra tan generosa, la mayoría de sus países siguen viviendo en este siglo XXI, en gran medida, de sus materias primas, cuando la pasada centuria en el mundo fue de la industria y del trabajo sincronizado. Aquí el trabajo aparece como castigo.

                        Entre los países más violentos del mundo, Venezuela, Honduras, Brasil, El Salvador y Guatemala ocupan los primeros lugares para vergüenza de todos nosotros.

                        La justicia verdadera no gestiona penas de cárcel. Los recintos para los privados de libertad debieran tener como objetivo fundamental su reinserción social plena.  Aquello no sucede. En vez de buscar endurecer las penas de cárcel, debiéramos garantizar el vivir bien, mejorar la oferta de empleos de calidad y abrir las puertas a emprendimientos privados de gente joven que garanticen bienestar y paz social. La solución a nuestra violencia no está en las cárceles sino en el desarrollo económico y social.

Gracias, epi

 

 

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