Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Viernes 17 junio 2016.

                         Hace 1,400 años en la Roma Imperial, la inmensa mayoría de sus pobladores eran esclavos, por ende, culpables por cualquier cosa. Resultaban condenados de antemano porque sus derechos no existían y sus vidas no dependían de un juez sino del capricho de sus dueños. Los jueces se dedicaban a la administración de la justicia entre personas sobre derechos y deberes familiares, civiles, políticos, militares y otros; según las normas del entonces denominado “Derecho Romano”.

                        A nivel de los derechos individuales bastaba decir “cives romanus sum” (soy ciudadano romano) para que la justicia abriera sus puertas al debate entre acusador y acusado. La profesión de abogado nació en aquel tiempo para evitar eventuales corruptelas de los jueces.

                        Ese código estableció como norma fundamental que el castigo debía ser siempre menor al delito. Llama la atención que se esté proyectando en el país el aumento y endurecimiento penas y castigos, 1.400 años después del “·Derecho Romano”. ¿Acaso esos planes no son en la práctica reaccionarios y ultra conservadores?

                        En Roma existía la pena de muerte para los condenados tras el adecuado juicio. Pero, los ciudadanos romanos eran juzgados siempre en libertad. Nunca sometidos a la prisión preventiva como sucede en nuestro país como muestra de procedimientos tan primitivos.  La defensa de un ser humano en libertad es signo de que sus derechos están precautelados y de que vive en una nación regida por la Ley. La prisión preventiva no es signo de eficiencia judicial ni de respeto a los Derechos Humanos.

                        Por ende, para los cristianos en general y para los católicos en particular resulta muy dolorosa la muerte en la cruz como esclavo de nuestro Salvador Jesucristo.

Gracias, epi

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