Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Domingo 12 junio 2016.

                        Vivimos tiempos de odios tempestuosos. La violencia está creciendo en nuestro país sin que casi nadie pueda reflexionar sobre este preocupante panorama. Más bien autoridades y opinión pública parecen despreocupadas y como poniéndole anestesia para no sufrir dolor, salvo en las propias víctimas y sus familias.

                           La política es aquí actividad permanente desde siempre. Pero se ha transformado en pasión insufrible. Con rapidez las personas reaccionan violentamente ante opiniones distintas o acciones irrelevantes, como persiguiendo enemigos que no existen.  Las descalificaciones de los unos contra los otros están a la orden del día y las enemistades son llevadas con demasiada frecuencia ante abogados, fiscales y jueces con la obsesión de encarcelar a esos enemigos inexistentes fabricados con el calor de odios invencibles.

                 Si fuéramos capaces de identificar nuestros interiores fuegos diabólicos podríamos diagnosticarlos y curarlos aunque esa segunda tarea exigiría sacrificios, renuncias y dura disciplina, no siempre tan aceptada en nuestro medio. Todavía hay tiempo para que podamos reaccionar de manera constructiva y evitar la debacle que se nos viene encima. No se trata de una posibilidad sino de una sucesión creciente de eventos dañinos para nuestra salud sobre todo mental.

                        Fuera urgente ponerle freno de mano a esa acelerada y fatal movilidad de odios. La convivencia en Bolivia está en riesgo y no es tema de medios de comunicación sino problema de muchos al querer cerrar los ojos ante una fuerza tan negativa como irremediable en nuestras vidas. Cada uno podrá reaccionar de manera positiva ante esta escalada de maldades impuestas por fuerzas a veces invisibles pero siempre infernales.

Gracias, epi

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