Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

Sábado 11 junio 2016.

             Las instituciones son fundamentales para una convivencia pacífica. En Perú el ejemplo ciudadano de esta semana ha sido encomiable. Pese a la lentitud de los escrutinios electorales de la segunda vuelta del pasado domingo a cargo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), tanto los dos candidatos, el ganador Pedro Pablo Kuczynski por un margen muy estrecho y la perdedora Keiko Fujimori, como la población en general, han mostrado serenidad, prudencia y seguridad en el desempeño de la ONPE.

             Esa institución mostró, durante la pasada campaña electoral, decisiones polémicas al haber anulado dos candidaturas presidenciales y haber rechazado acusaciones en contra de la candidata Fujimori.

             No se trata de apoyar al sistema democrático en las instituciones, pese a su importancia estratégica, sino destacarlas como garantía permanente para convivir en paz los unos con los otros, pese a diferencias, intereses y ambiciones.

             En Bolivia vivimos tiempos en los que las instituciones están, con pocas excepciones, devaluadas y casi despreciadas. Preferimos la muñeca y el favoritismo. Esta actitud es la gasolina que alimenta y fortalece el incendio de la corrupción; conducta que propicia el dinero mal habido. Una sociedad corrupta no tiene futuro pacífico sino un porvenir lleno de violencias de todo tipo. Si la corrupción se adueña de nuestros corazones, no hay normas, ni justicia, ni confianza que nos defiendan.

             Uno de nuestros déficits es la falta de inversiones privadas tanto nacionales como extranjeras. Sin inversiones privadas no hay nuevos empleos dignos. Sin empleos de calidad las sociedades quedan en manos de especuladores y delincuentes.

Gracias, epi

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