Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Domingo 05 junio 2016.

               La noche es el mejor escenario para que la Cenicienta y la Varita mágica aparezcan para sembrar felicidad. Nuestra cenicienta boliviana es la justicia. Casi nunca nos hemos preocupado de construir la igualdad para todos. Lo de ser todos iguales ante la ley es sólo buena voluntad. Nuestras preocupaciones nacionales han estado encaminadas en buscar ventajas y privilegios. Los resultados están a la vista; vivimos sin instituciones, sin procedimientos, sin objetivos, sin desafíos. ¿Dónde está la Cenicienta y la Varita mágica? Por ende, no hay puertas abiertas para utopías ni para sueños. Sin Cenicienta nuestro futuro será más de lo mismo con ambiciones de poder incontrolables y corrupciones desaforadas.

                 En los últimos diez años hemos vivido bien, en general. Claro que unos mejor que otros. Pero, la tónica común, con inevitables excepciones, ha sido de bienestar con una meritoria inclusión económica y social.

               Hemos gozado diez años de vacas gordas y casi todo el mundo se ha sentido conforme con el gozo del dinero, del consumo, de satisfacciones diversas. Pero, todo pasa, nada queda, porque lo nuestro es pasar haciendo camino, aunque a veces sea pedregoso. Los tiempos son cíclicos. Se fueron las vacas gordas y llegaron las más “flaquitas”. Hay que ajustarse los cinturones y no todos estarán dispuestos a la inevitable austeridad.

              En plena crisis, sería bueno pedirle a la Cenicienta que la justicia no sea aquí sólo una palabra desprestigiada sino un proyecto concreto para que en Bolivia se viva de manera feliz, sin extorsiones, sin coimas, sin estafas, sin abusos y con la justicia a nuestro lado. ¡Manos a la obra!

Gracias, epi

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