Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Jueves 02 Junio 2016.

                         Los tiempos de vacas flacas llegaron a Bolivia tras una década de vacas muy gordas. Ahora, como se ha indicado desde el gobierno, aunque con poco énfasis, hay que apretarse el cinturón y no se sabe hasta cuándo.

                         Datos del privado Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) del primer trimestre de este 2016 confirman la tendencia, ya comprobada, del año pasado de manera provisional todavía, cuando se registró un déficit de Usd. 953 millones. Nuevamente caminamos hacia un resultado negativo de nuestra balanza comercial porque nuestros ingresos por exportaciones, hasta hoy jueves, son menores a nuestros gastos por importaciones. Las cifras podrán cambiar, pero la tendencia parece inevitable, aunque la esperanza es lo último que se pierde.

                         Los motivos para estos números rojos actuales se apoyan en dos variables fundamentales: los precios internacionales de nuestras materias primas siguen deprimidos y nuestra capacidad productiva también.

                         Seguimos vendiendo, sobre todo, gas, minerales y soya, con poco valor agregado. Nuestro comercio exterior no puede mejorar por falta de precios optimistas y de una reingeniería exportadora.

                         Vivimos en Bolivia de lo que más nos gusta: la política. La coyuntura actual nos separa en dos grupos: los oficialistas, emocionados con sus aplausos y los opositores, embroncados con su pesimismo. Estamos divididos en dos mitades casi iguales.

                         Pero, en la medida que el gobierno no modifique su conducta económica y que nosotros no cambiemos de mentalidad, la crisis se podría transformar en decadencia económica y, por ende, en inestabilidad política. Dos peligros a ser evitados. La solución está en nuestras manos. ¡Seamos más patriotas y menos egoístas!

 Gracias, epi

Tu comentario

Comments are closed.