Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Miércoles 01 junio 2016.

                 La industria petrolera mundial ha ingresado en una complicada combustión de precios, inversiones, gastos, despidos, desafíos y un futuro sembrado de incertidumbres. En Bolivia la coyuntura es álgida por dos circunstancias relacionadas: por la decisión argentina de comprarle gas natural a Chile sin habernos tomado en cuenta de forma explícita y por la cercanía de la renovación de nuestro contrato con Brasil en 2019.

                      Estas dos circunstancias están hermanadas por la falta de certificación internacional de nuestras reservas. Se anunció que esa certificación se iba a producir más temprano que tarde, pero todavía no hay noticias.

                         No parece dable que la decisión del gobierno de Mauricio Macri de comprarle gas natural a Chile, que no lo produce sino que también lo importa, sea de índole político. Su motivación principal no ha sido divulgada todavía.

                       El caso brasileño es más complicado. El gas natural se ha convertido en un bien “comerciable”. Su negocio ya no está atado al petróleo. Trinidad y Tobago se ha consolidado como exportador del Liquid Natural Gas (LNG) a través de buques especializados. Está muy próximo a la costa brasileña y su precio es competitivo.

                   El yacimiento de PETROBRAS en San Alberto (Tarija) está en proceso de agotamiento. Las actuales exploraciones gasíferas se concentran sobre todo en el yacimiento “Margarita”, ya por demás conocido. Búsquedas de gas en nuevos campos no parecen posibles por ahora.

                        Las relaciones entre Bolivia, por un lado, y Argentina y Brasil, por el otro, no atraviesan un buen momento. La economía  boliviana dependerá del gas.

Gracias, epi

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