Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Viernes 20 Mayo 2016.

             El gobierno, que critica con frecuencia a los empresarios privados por invertir poco dinero en el país o registrar ganancias excesivas, tuvo que morder su propio fracaso al reconocer que La Empresa Pública Nacional Textil (ENATEX) había quebrado. Como prueba de aquello, el Decreto Supremo nro. 2765 amplió de 16 a 20 años el contrato de préstamo de 142.1 millones de bolivianos entregados a la citada empresa en marzo de 2015 para que pudiera seguir trabajando, tras haber expropiado a su antecesora AMETEX, propiedad del empresario boliviano Macos Iberkley.

             Con Iberkley esa empresa llegó a tener 2.500 trabajadores y exportaba a decenas de países de Asia, América y Europa, a través del aeropuerto de Miami gracias a un beneficio arancelario de Estados Unidos como incentivo para la lucha boliviana contra el narcotráfico.

             La ideología antiimperialista imperante en Bolivia con la llegada al poder de Evo Morales en febrero de 2006 determinó que ese acuerdo con Washington quedara sin efecto y AMETEX sin mercados externos. El gobierno se hizo cargo de la gestión de esa empresa cuyo nombre se transformó en ENATEX. Los esfuerzos gubernamentales por vender textiles en países del ALBA (Cuba, Venezuela, Ecuador y otros) fracasaron, porque una cosa es fabricar discursos y otra producir bienes y servicios de manera exitosa.

             El cierre de ENATEX, con despido de casi 1.000 trabajadores,  significa un desafío para los dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB), aliados del gobierno de Evo. Su máximo dirigente, Guido Mitma, aseguró a la prensa que exigirá el retroceso gubernamental en el cierre de esa empresa. No está claro cómo lo exigirá y si tendrá éxito.

Gracias, epi

 

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