Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Jueves 12 Mayo 2016.

                        Las actuales relaciones políticas entre Bolivia y Chile son tensas. Esa situación provoca damnificados, sobre todo los transportistas nacionales que utilizan Arica como destino u origen de sus cargas.

                         Ese tipo de relaciones con nuestros vecinos occidentales fueron casi siempre complejas por nuestra vocación marítima. Los sucesivos gobiernos de Santiago se mantuvieron irreductibles para negociar de buena fe el final de nuestra mediterraneidad.

                         La decisión de plantear ese tema ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya fue adecuada y su primer fruto fue “la goleada” que obtuvimos frente al gobierno chileno de 14 a 2 en un tema crucial: si el Tratado de Paz y Amistad suscrito en Santiago el 20 de octubre de 1904 dejó el tema finiquitado y, por ende, si ese grupo colegiado de jueces tenía o no competencia en nuestra reivindicación. Los argumentos del Alto Tribunal para confirmar su competencia y desvirtuar los alegatos chilenos de que ese Tratado había archivado de por vida nuestra legítima aspiración de retorno al Océano Pacífico fueron claros. Por tanto, la tradicional posición de nuestros vecinos de que Bolivia nada tiene que reclamar quedó derrotada de manera contundente. Siendo esta una resolución trascendente para el futuro.

                         Nuestros pueblos mantienen vínculos cordiales. Miles de bolivianos trabajan en Chile y gente de nuestro país viajan por temas diversos o para bañarse en el mar. Los chilenos llegan también a Bolivia y los contactos bilaterales se multiplican aquí y allá.

                         Pido a Dios que haya funcionarios prudentes para que la actual tensión no crezca. Nuestro destino es el acuerdo con Chile pese a los repetidos tropiezos desde siempre.

 Gracias, epi

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