Eduardo Pérez Iribarne
Eduardo Pérez Iribarne

Martes 3 Mayo 2016.

             La Iglesia Católica es la institución más emblemática en la historia boliviana por muchas razones. Daré sólo algunas.

             Las Misiones de Santa Cruz son herederas de las Reducciones de la Compañía de Jesús que motivaron su expulsión en el siglo XVIII porque el  Rey Borbón de Madrid, empujado por su pariente de Lisboa, decidió deshacerse de los jesuitas porque ilustraban a los indígenas de América y a los intelectuales de Europa.

             Gracias a esas Reducciones, la frontera boliviana está en Puerto Suárez. Si los jesuitas y sus discípulos indígenas no hubieran dado el alto a los invasores “bandeirantes”, éstos hubieran llevado esas fronteras al río Piraí, hoy en plena Santa Cruz de la Sierra, o quizás hasta Samaipata.

             Los jesuitas introdujeron en Beni y Santa Cruz la ganadería vacuna en el siglo XVII  Fundaron muchas de las actuales ciudades benianas y cruceñas: Santa Cruz, Trinidad, San Ignacio, San Borja, Santa Ana, Magdalena, San José, San Ramón, Concepción, San Joaquín, San Matías, Ascensión, Sagrado Corazón, entre otras.

             El jesuita italiano Ludovico Bertonio fue el que designó al “jaqe aru” (la lengua de la gente), que se hablaba en el “Gran Lago”,  como “aymara” en homenaje al gentilizo de un grupo étnico cuzqueño que fue deportado al Titicaca por el Inca. Bertonio escribió la primera gramática en esa lengua. Los trabajos de nuestra Iglesia en zonas rurales, minas, barrios pobres y entre la gente intelectual de nuestras ciudades siguen siendo encomiables como cuando nacieron mucho antes de la fundación de la República.

             Por ello, mi homenaje a esas generaciones de mujeres y hombres que con la Cruz y la esperanza en la Resurrección continúan hoy como ayer sembrando nuestra “pacha mama” con la bondad evangélica.

 Gracias, epi

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