lawrence_with_lawrence_in_arabiaMartes 29 Marzo 2016.

Los millonarios yacimientos de petróleo y gas y el nacimiento de Israel determinaron que Oriente Medio en el siglo XX haya dejado una huella bélica imborrable. Primero por la guerra entre Gran Bretaña y Turquía (relatada con elegancia en “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, ilustrativa autobiografía de Lawrence de Arabia) por el dominio de inmensos desiertos asentados sobre combustibles fósiles millonarios.

Esa guerra comenzó en las puertas de La Meca y terminó en Damasco, centro del conflicto actual (petróleo, territorio, religiones  y otros) en Siria. Después, esa huella militar se concentró en las tres guerras entre árabes y egipcios contra Israel. De forma más reciente, Oriente Medio sigue multiplicando tensiones entre Irán y los países del Golfo por el dominio del Yemen, en el sur de la Península Arábiga.

Por razones todavía no aclaradas históricamente de manera suficiente Adolfo Hitler desistió de ocupar Palestina, Siria, Irán e Irak restando apoyo al “Zorro del Desierto”, el Mariscal  Erwin Rommel, en 1941. Si Rommel hubiera contado con mayor equipo terrestre, aéreo y marítimo no sólo hubiera ocupado el Canal de Suez sino Bagdad, tras los pasos de las brigadas macedónicas del espartano Alejandro Magno, que llegó a caballo hasta la India para morir de una fiebre misteriosa en Babilonia (hoy Irak) el año 323 antes de Jesucristo.

Si Rommel hubiera conquistado Bagdad para envolver desde Asia a la URSS de la Segunda Guerra Mundial, la historia de Oriente Medio hubiera sido muy diferente durante la segunda mitad del pasado siglo XX.

Oriente Medio es tan protagonista mundial en este siglo XXI, como lo fue en tiempos de Abraham, cuando ese patriarca bíblico emigró a Palestina en busca de agua para su gente y sus ganados, “la tierra prometida”, según el texto del Génesis.

Gracias, epi

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