11Jueves 24 Marzo 2016.

La reciente visita del Presidente Barack Obama a Cuba fue un éxito mediático, político, social, ideológico, diplomático y económico. Logró todos sus objetivos pese a que su riesgosa presencia en La Habana, con la lluvia como anfitriona especial a su arribo, de tres días conllevó peligros que él supo superar con inteligencia y simpatía.

En su discurso de antes de ayer martes en el Teatro “Alicia Alonso”, en el centro de la capital cubana ante la crema del régimen castrista, dijo entre otras cosas:

“He venido aquí para enterrar los últimos vestigios de la Guerra Fría en las

Américas”. (…)  “Los pueblos de Cuba y Los Estados Unidos tienen tres grandes temas en común: su historia en contra del esclavismo, su beisbol, y su cultura compartida en La Habana y Miami” (…)

“Creo que los ciudadanos deberían ser libres para decir lo que piensan sin miedo, para organizarse y criticar a su gobierno y para protestar pacíficamente. Creo que la ley no debería contemplar detenciones arbitrarias para los que ejercen esos derechos. Y creo que los votantes deberían poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”. Después destacó en buen español como un grito de esperanza: “Creo en el pueblo cubano”.

Cuando Obama terminó su discurso recibió un total silencio como respuesta obvia en la sala llena a rebosar por miembros del poder que no se preocupan por “resolver a diario” (según las dos palabras normales entre el pueblo) el desafío de comer pues la cartilla de alimentos gratuitos, todavía vigente tras una revolución incapaz de dar pan a su gente después de 57 años, exige un drástica dieta. Hace algunos años el propio Fidel había declarado, en un momento de gran sinceridad personal, que la Revolución había fracasado incluso en Cuba.

Gracias, epi

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