150406114649_michelle_bachelet_chile_triste_624x351_afpViernes 5 Febrero 2016.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, carga sobre su corazón la cruz de ser madre. Su hijo Sebastián Dávalos se ha empecinado en sobrecargar esa cruz sobre sus hombros. Algunas cruces son más pesadas y otras más livianas. La de Bachellet es super pesada.

El dicho popular repite el “amor es ciego”. En el caso de las madres “el amor es sufrido”. Casi sin excepción, la maternidad conlleva una vocación generosa para el sufrimiento.

En Chile está abierta de par en par la polémica sobre la supuesta corrupción de Sebastián Dávalos y de su esposa Natalia Compagnon. La justicia no se definió todavía.

La vocera del Bloque Opositor, Alejandra Bravo, ha reiterado ante los periodistas una frase obvia para una política pero terrible para una madre: “Presidenta no llore tanto, mejor pídale a su hijo que devuelva el dinero para evitar que sus lágrimas sean de cocodrilo”.

La actual popularidad de Bachellet sufre el peso de las conductas de su hijo y de su nuera pues ambos parecen confabulados para manchar su gestión presidencial. Su actual segundo mandato sufre movimientos de cabeza, críticas, silencios, comprensiones, afectos y enemistades. Los chilenos desconfían de su Presidenta.

Bachellet está perdida en su propio laberinto. Hay tres preguntas a las que la Presidenta chilena tendrá que responder: ¿Renunciar?  ¿Empujar el juicio contra Sebastián y Natalia aunque puedan ir a la cárcel? ¿Seguir como espectadora ante delitos tan públicos?  Su respuesta definirá todo su mandato. Esta situación recuerda las palabras de Hamlet en su misterioso castillo danés: “Ser o no ser, ésa es la cuestión”. El humano enfrenta situaciones especiales fuera de su control. Bachellet deberá recuperarlo más temprano que tarde.

Gracias, epi

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