Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

 Martes 5 Enero 2016.

A nivel fiscal hay dos tipos de deudas: la externa y la interna. La primera tiene acreedores extranjeros y la segunda el deudor es el Estado Boliviano y su acreedor el pueblo mismo. La primera es mucho más flexible y negociable que la segunda.

En la deuda externa se puede ser audaz y prudente al mismo tiempo mientras las reservas internacionales en dólares del Banco Central y las expectativas exportadoras del país sean confiables para los acreedores extranjeros. La deuda interna no permite margen a la audacia y exige, sobre todo, prudencia, pues los errores en su manejo pueden empujar a patadas a la especulación de precios y por ende a la inflación.

Cuando los ingresos rebajan y los gastos son rígidos no existe alternativa: hay que endeudarse, tanto a nivel fiscal como familiar o individual. Pero, ese endeudamiento exige solvencia del deudor y confianza del acreedor.

Un manejo audaz y prudente de la deuda externa permite controlar los precios y por ende manejar la inflación. Si la prudencia desaparece se ingresa en la denominada espiral inflacionaria, como nos pasó a los bolivianos con la Unidad Democrática Popular, UDP, (en la década de los años 80 del siglo pasado). No hay gobierno que resista una inflación galopante y Don Hernán Siles Zuazo la sufrió, la aceptó y dio un paso al costado en la Presidencia con sabiduría política.

La actual inflación en Bolivia está controlada y el gobierno lo consigue en beneficio de todos. Un desacierto en el manejo de las deudas, tanto externa como interna, podrá hacerse sentir en los precios y el bolsillo de la gente saldrá a protestar de inmediato. El pulso del corazón gubernamental está tranquilo en la actualidad, pero si se acelera será por la hipertensión motivada por el alza de precios y por su inflación consiguiente.

Gracias, epi