Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

Jueves 10 Diciembre 2015.

La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se encuentra en una incómoda posición entre la espada de la corrupción de su Partido, curiosamente titulado el Partido de los trabajadores (PT), y la pared de la crisis financiera, económica, política y social de su gran país que la abruma con una carga que cada día parece más pesada.

El pasado viernes, cuando se informó que podía comenzar en el Parlamento de Brasilia un juicio de responsabilidades (“impeachment” ) en su contra, mucha gente salió a las calles en diferentes ciudades para celebrar la noticia y la Bolsa de San Pablo, la más importante en América del Sur, vio que sus valores subieron de golpe un 2.3 %, algo novedoso tras haber recibido solo la noticia de una supuesta acción parlamentaria, no confirmada todavía ni mucho menos.

La situación brasileña se deteriora a pasos agigantados: desempleo creciente sin pausas, crecimiento negativo de su economía en este 2015, según cifras oficiales, reducción de sus exportaciones, problemas aduaneros por su economía muy proteccionista y por su preocupante rezago tecnológico. El malestar social se multiplica porque el bolsillo de mucha gente está cada día más agujero y la delincuencia a tiro limpio no descansa. Brasil, además es uno de los países del mundo en donde más se violan los Derechos Humanos en las cárceles.

La salida política a la coyuntura de Dilma tiene diversas alternativas, pero quizás la más próxima sea la negociación congresal con propios y extraños. El Parlamento brasileño con tantos y tan diferentes Partidos tiene larga tradición negociadora de todos con todos para conseguirlo todo. Brasil posee gran magnitud en sus problemas también. La Presidenta necesitará habilidad para superar su actual posición entre la espada y la pared.

Gracias, epi

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