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Los negociadores de un acuerdo de lucha contra el cambio climático forcejearon hasta el último minuto este sábado para cerrar, finalmente, un borrador que deja en el aire los grandes temas de discusión, desde la financiación hasta los esfuerzos de cada país en función de su responsabilidad.

El texto contiene, incluyendo sugestiones de último minuto, 47 páginas, escasamente seis menos que el lunes pasado, cuando 150 líderes inauguraron una conferencia del clima que quiere ser histórica.

El objetivo del acuerdo es contener el aumento de la temperatura mundial a un máximo de 2º C, pero detrás de ese simple guarismo hay un gigantesco entramado de intereses económicos y de compromisos jurídicos, puesto que cada palabra podrá ser interpretada durante décadas como un derecho adquirido, o una obligación.

El texto que reciben este sábado los ministros de las 195 naciones debe decidir si los países desarrollados son los únicos responsables de la actual situación de urgencia climática, o si eso cambió con la aparición de nuevas potencias como China o Brasil, dos de los diez mayores emisores de gases con efecto invernadero.

Eso implica decidir quién paga y cómo. Si se aprueba, el acuerdo de París entrará en vigor a partir de 2020, y los países menos desarrollados tendrán acceso a un fondo anual de US$ 100.000 millones.

«Las consecuencias son serias; tenemos que continuar creciendo, pero si queremos hacerlo tenemos que recortar nuestra industrialización», algo que no hicieron durante más 150 años los países ricos, criticó la delegación de Malasia.

Para la Unión Europea o Estados Unidos el mundo cambió desde 1992, y países como China pueden contribuir. Y de hecho, ya han empezado a hacerlo, por su cuenta.

«Históricamente, los países desarrollados han sido los países donantes(…) Eso continuará, por supuesto, pero al mismo tiempo ya hay países en vías de desarrollo que han empezado a convertirse en contribuyentes», explicó el negociador jefe estadounidense, Todd Stern.

En el borrador, la expresión clave en este apartado es «obligaciones comunes pero diferenciadas» en alusión a las diferentes capacidades de cada país, que provoca también enconados debates.

«Menos o mucho menos»

Entre los países menos desarrollados, los más inquietos por el cambio climático son las pequeñas islas del Pacífico o del Caribe amenazadas por el aumento del nivel de los océanos.

Esos países quieren que el texto de París contenga claramente la mención «menos de 1,5 ºC» como objetivo de aumento de la temperatura planetaria.

En el borrador los corchetes dejan la discusión en el aire: «mantener el aumento de la temperatura media mundial [por debajo de 1,5 °C] [o] [muy por debajo de 2 °C]».

«El tema acabó bloqueado básicamente por el grupo árabe liderado por Arabia Saudita», gran productor petrolífero y por ello muy poco motivado, criticó la red de organizaciones no gubernamentales CAN.

«Cuando sea posible»

En el texto quedan otros difíciles escollos, como la propuesta de que el mundo abandone la energía de origen fósil. Otro apartado son las «pérdidas y daños» por el cambio climático.

«Apoyamos el reconocimiento de ‘pérdidas y daños’, (…) pero algo que no aceptamos en este acuerdo es la idea de que debería haber una compensación», advirtió el negociador estadounidense.

«Sin ‘pérdidas y daños’ no habrá acuerdo», amenazó durante las negociaciones el ministro de Medio Ambiente gambiano, Pa Ousman.

La personalidad jurídica de todo el texto es también objeto de arduas discusiones. Estados Unidos no llegó a ratificar nunca el Protocolo de Kioto.

«Creo que vamos a tener un acuerdo», explicó a la AFP el economista estadounidense y consejero de la ONU Jeffrey Sachs. Pero «muchos, muchos puntos prácticos no quedarán aun resueltos la semana que viene», añadió.

«No es fácil. Si fuera fácil no estaríamos todos aquí ahora mismo», consideró por su parte la secretaria de la convención de cambio climático de la ONU, Christiana Figueres.

Tomado de Emol

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