Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

Sábado 21 noviembre 2015.

Nuestro gobierno está tomando recaudos ante la disminución de los ingresos económicos consecuentes con la actual exportación de nuestras materias primas. En realidad, el Ministerio de Economía mantiene su tradicional política, con ya diez años continuos, de manejo responsable y futurista de nuestra situación general, no sólo en el ámbito económico sino también en las dimensiones social y popular. El gobierno se ha preocupado y con éxito del bolillo popular. Por eso continúa al frente del país desde hace diez años.

¿De qué se trata? En primer lugar de mantener el control de precios, sobre todo en la canasta familiar. Ese control ha sido posible: por los saldos anteriores positivos de nuestra balanza comercial y por la disciplina en el manejo fiscal. Voces opositoras han reiterado, sobre todo en los últimos cinco años, que el maneja fiscal se ha descontrolado por el incremento de cargos públicos, la mayor parte de los cuales han sido designados a dedo. Esto último, lastimosamente es demasiado llamativo. Los resultados están a la vista. Salvo excepciones, que las hay, la eficiencia en la gestión gubernamental sigue acumulando incompetencias, torpezas, errores y, además, corrupciones también.

Las voces opositoras  a favor de la devaluación no parecen ni muy convencidas, ni muy adecuadas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la economía boliviana de la última década ha sido construida en base a los altos precios de nuestras exportaciones, de las subvenciones a la energía y a muchos alimentos, además de  excedentes monetarios con orígenes no siempre muy claros. Nuestra economía no es eficiente, pero tiene superávits sobre todo, financieros. Hay mucha plata estatal guardada en los Bancos, un buen refuerzo para nuestros bolsillos.

Gracias, epi