Eduardo Pérez Iribarne.
Eduardo Pérez Iribarne.

Lunes 2 Noviembre 2015.

En Bolivia hoy es el día del puente entre la vida y la muerte. Hoy viajan multitudes entre el más allá y el más acá. Quizás esta jornada sea la única del año en la que desaparece la frontera entre muertos y vivos. Las almas van y vienen. Los mortales esperan a sus deudos con fidelidad y estos últimos regresan con el misterio como túnica inmortal.

Las almas son los espíritus del bien que vienen a este mundo en un viaje lleno de misterios. Es el la venida del pasado al presente. Para los vivos “Todos Santos” es la puerta del recuerdo, la ventana de la nostalgia, el portón del misterio. Nadie puede explicar cómo las almas llegan y cómo regresan.

La festividad cristiana del 1º de Noviembre sirve para alimentar la creencia en este Día de Difuntos de todo es provisional, tanto en el más acá como en el más allá. Los finados llegan pero sólo por un tiempo tan corto que no se sabe ni cuándo empieza ni cuándo termina. Cuando el mediodía de hoy cierre la puerta del recuerdo comenzará la cuenta regresiva para esa práctica el próximo año en el día de “Todos Santos”, aunque para nuestra Iglesia Católica hoy martes es el día de los fieles difuntos. Las almas son recuerdos vivos y la tradición le da a cada finado una vida en el más allá amasada con el cemento de la memoria. La frontera entre la vida y la muerte es sólo un hilo dental que ni siquiera existe.

Sólo resta esperar que esa relación entre muertos y vivos ayude a los primeros a tomar en cuenta que la vida es sólo un tiempo más o menos largo, pero sólo tiempo al fin y al cabo. Y si sólo somos tiempo nuestra vida es pasajera nada más. Situación fundamental. Si fuéramos conscientes de aquello, podríamos vivir con más paz y menos pasión.

 

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