El Papa Francisco, escoltado por Evo Morales, se despide de Bolivia en Viru Viru. (ABI)
El Papa Francisco, escoltado por Evo Morales, se despide de Bolivia en Viru Viru. (ABI)

El papa Francisco concluyó el viernes, rodeado de cariño y sin discursos de despedida, su emotiva e histórica visita de casi 48 horas a Bolivia, dejando variados mensajes de fe, esperanza y solidaridad con los que terminó de ganarse millones de corazones.

Francisco ingresó puntualmente a las 13:00 al avión de Alitalia, que lo trasladaría a Asunción, Paraguay, tras ser acompañado hasta el pie de la escalinata por el presidente Evo Morales, mientras observaban desde la terminal aérea de Viru Viru autoridades nacionales y locales, obispos, religiosos y centenares de ciudadanos comunes que se dieron modos para asistir a la partida del Pontífice.

El avión papal decoló a las 13:20. Un destacamento del regimiento escolta presidencial “Colorados de Bolivia” hizo la guardia de honor en el sencillo acto de adiós, en el que se escuchó la Marcha Presidencial pero no los himnos de Bolivia y el Vaticano.

Francisco fue despedido en las calles y avenidas cruceñas por millares de personas que, pese a no ser día feriado, se movilizaron para expresarle su cariño con gritos y banderas blancas y amarillas.

“Vuelve pronto Francisco”, “Te queremos, te queremos”, “Siempre estarás con nosotros”, eran algunos de los estribillos que gritaba la gente a lo largo del último recorrido de Francisco en la capital cruceña, a donde llegaron católicos de todo el país y naciones vecinas.

Previamente, en su última media jornada en Santa Cruz, el Pontífice realizó una histórica visita a la cárcel de alta seguridad de Palmasola, donde tuvo audiencia con los presos, y se reunió en privado con obispos y de todo el país reunidos en la Iglesia de la Santa Cruz.

“Reclusión no es lo mismo que exclusión”, dijo el Papa Francisco a los reos, al desafiarlos a que sean protagonistas de su reinserción a la sociedad a pesar de las múltiples dificultades de su encierro.

En el penal conocido internacionalmente por sus recurrentes crisis de hacinamiento, violencia y retardación de justicia, el Papa evitó abundar en referencias sobre los problemas estructurales y políticos del sistema carcelario y judicial boliviano, reafirmando en cambio su exhortación a no descartar de la sociedad a los más pobres y débiles.

En la cárcel, Francisco centró sus reflexiones en los problemas personales de los reclusos y sus familias, llamándolos a no perder a la fe, a evitar el desánimo y dejarse guiar por el dolor de Jesús en la cruz, que sana y convoca a la unidad, en vez de caer en las tentaciones egoístas y divisionistas del demonio.

“Cuando Jesús entra en la vida, uno no queda detenido en el pasado, sino que empieza a mirar el presente de otra manera, con otra esperanza (…) No queda anclado en lo que sucedió sino que es capaz de llorar y encontrar allí la fuerza para volver a empezar”, dijo Francisco a los presos congregados en un soleado patio interior del penal de alta seguridad.

“Reclusión no es lo mismo que exclusión. La reclusión forma parte de un proceso de reinserción  de la sociedad. Son muchos los elementos que juegan en su contra en este lugar (…) lo cual hace necesaria una rápida y eficaz alianza interinstitucional para encontrar respuestas”, les dijo.

Francisco redondeó así sus mensajes en Bolivia, en los que exaltó la belleza de la diversidad a la vez que llamó a poner fin a la exclusión de los que se ven obligados a vivir en otro país o los pobres y débiles que sufren actitudes de “descarte“ en vez de ser incorporados a la vida plena.

Durante su paso por El Alto, La Paz y Santa Cruz, Francisco tuvo también palabras resonantes de apoyo a la demanda boliviana de diálogo con Chile para resolver el problema del acceso soberano al océano Pacífico y se declaró ferviente partidario del cambio que reclaman las sociedades y, en particular, los grupos mayoritarios representados en un encuentro de movimientos sociales en el que fue el orador principal.

Especial ovación recibió el discurso del Papa ante los movimientos sociales, a los cuales pidió perdón por los crímenes ocurridos durante la colonización de siglos pasados.

“Digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco”, proclamó en el encuentro popular en Santa Cruz.

“Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”, agregó Francisco, quien volverá a encontrarse con indígenas en Paraguay, última etapa de su gira que se inició en Ecuador.

Una fuerte lluvia recibió a Francisco en Asunción a las 15:00 horas. El Pontífice estará en tierra paraguaya hasta el domingo.

SANTA CRUZ/Richard Arispe

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