CONCIERTO BOLIVIANO DE FIDES

CONCIERTO BOLIVIANO - LA FIESTA DEL SEÑOR “JESÚS DEL GRAN PODER”


Una referente fascinante
EL SEÑOR “JESÚS DEL GRAN PODER”
Saúl Alejandro Maldonado Pérez


La fiesta del Señor Jesús del Gran Poder tiene el prodigio de la articulación social; esa razón destaca a uno de los más importantes escenarios de diálogo cultural en el que confluyen diversos imaginarios colectivos, pasados, presentes y futuros. Es la fiesta de la conciliación de distintas expresiones coreográficas, cuyos fundamentos agrarios los vuelven conciliatorios y también contestatarios.

Es la fiesta de la movilidad social, donde la reminiscencia, la ironía, la sátira y la complementación, aunque simbólicas, de distintos estamentos sociales, las modifican y las enriquecen. Si bien su origen nos remite al Sincretismo cultural, es justo referirse a la incursión social de emigrantes rurales que dieron fondo y forma. Es decir, le dieron connotación narrativa que supera a lo exótico.

Símbolos, sólo algunos
Sus símbolos tienen los siguientes componentes: Una intuitiva asimilación de tradiciones autóctonas y católicas orientadas a la constante movilidad social basada en la acumulación de dinero.

La fe es una excusa para generar una catarsis colectiva. La Trinidad Andina de reciprocidad, coexistencia y complementariedad se une con la Trinidad Católica de tendencia maniqueísta (la lucha del bien contra el mal), modificada en un solo rostro e imagen.

Cuando se afirma que hay símbolos de movilidad  y estratificación social, se menciona el derroche y la fastuosidad. La riqueza material acumulada genera jerarquías; primero fue la reivindicación, ahora es la acumulación de dinero. Pero, ¿podrá avanzar en el recambio de las élites y asumir una visión de país, de integralidad?. Hasta el momento la respuesta es NO. Pareciera que el interés es, sólo,  convertir a la ciudad en una inmensa pasarela de bailarines con diferenciación social, estética y de dinero, y que por cierto produce también “transversalización”, es decir, apropiación de los sectores medios en búsqueda de identidad en la evasión del anonimato. Fuertes dosis de sensualidad urbana adquieren sentido en esta compleja mezcla de convergencia de rostros y capacidades económicas.

Si bien es una reafirmación de identidad, principalmente andina, la riqueza se ch´alla y ritualiza. Cuando se afirma que “es el espacio que acumula riqueza para el derroche, para una producción socio-estética y de posicionamiento social”, nos obliga a pensar, que si no existiera la fiesta, hace tiempo, el país ya hubiera sido un polvorín, por lo menos, en occidente de Bolivia.

Hasta el momento no se ha ideado una forma económica más amplia de aprovechamiento colectivo, en un país de baja calidad de vida, bajo consumo y desacumulado o que no tiene ahorro interno. Su capital social solo –pareciera- asume la decisión de bailar en consenso, unificado en 59 fraternidades con fuerte competencia interna y externa

La Fiesta del Gran Poder construye una propia estética mestiza que une, separa y permite la diferencia a la vez. Es el punto de encuentro de compromisos, presencias y lealtades. Es el corolario de la trascendencia y la cultura del prestigio. Entonces, que comiencen los primeros acordes!!!.

Síntesis de la devoción
La fiesta que tiene estrecha relación con la Trinidad Andina y la Trinidad Católica, ha merecido diferentes lecturas sociológicas, antropológicas, económicas y políticas.
La devoción nativa se remite a tiempos inmemoriales en los que en el territorio de los Andes se adoraba al famoso ídolo Tangatanga, figura precolombina de tres cabezas y que se asoció posteriormente a la Cruz de Thunupa.

La devoción católica refiere y especifica “la cofradía del Señor del Gran Poder” en el Monasterio de San Benito de la Calzada, en el año 1431 a finales de la Edad Media en España.

En la sede de la Real Audiencia de Charcas (hoy Sucre -Bolivia) el culto nos remite a un vetusto caserón en una calle paralela a la catedral en la que se instaló una capilla, lugar en el que un lienzo de tres rostros era famoso por milagroso y que posteriormente fue clausurado por un Tribunal de la Inquisición de Lima.
El lienzo fue incautado y lacrado por la visión intolerante del mencionado Tribunal Religioso. El lienzo actualmente está en el Museo de Charcas de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca y constituye una joya del arte virreinal.

Luego, el culto se trasladó a la Iglesia de Santo Domingo en Sucre, propiamente a su altar mayor, empero, tal cual afirma el investigador Marcelo Arduz Ruiz “la antigua advocación de la Santísima Trinidad del Gran Poder, se ha perdido irremediablemente en la capital de la República”. Pero, también afirma que en el Convento de Santa Clara, en la actualidad “hay un mural que muestra a Santa Verónica sosteniendo un lienzo luego de haber secado el sudor de Cristo camino al calvario, en el cual están estampados tres rostros idénticos que corresponden al inmemorial misterio de la santísima Trinidad en una interpretación artística simple pero resuelto con maestría genial”. Ese mural, en el interior del Convento no está disponible a visitas.

Don Marcelo Arduz Ruiz también afirma en una publicación de prensa del 25/05/2004 que “el culto no se extinguió en la ciudad recostada a los pies del Illimani, que en su silueta de tres cumbres nevadas, metafóricamente, representa a la Santísima Trinidad”.


Ambas expresiones, la andina y la católica se encuentran mezcladas. Los antropólogos denominan a este hecho: sincretismo religioso.


Cronología
Los primeros datos precisan una cofradía del Señor del Gran Poder, en el año 1431 en el Monasterio de San Benito de Calzada, España. En Bolivia, la primera devoción comenzó en la ciudad de La Plata o Sucre en la capilla del Gran Poder, en una calle paralela a la Catedral y, luego, en el Templo de Santo Domingo.

En la Paz, el libro titulado los “Señores del Gran Poder” señala los primeros años de la vida republicana –probablemente 1826-, como el comienzo de la veneración cuando ingresó la novicia Genoveva Carrión llevando un lienzo de tres rostros que representaba el misterio de la Santísima Trinidad Católica, al Convento de las Concebidas, ubicado en la esquina de las calles Jenaro Sanjinés e Ingavi y actualmente en la calle Guerrilleros Lanza de la zona de Miraflores. El lienzo habría sido pintado por autor anónimo de la Escuela Popular del Collao en el siglo XVIII. Es una verdadera obra de arte virreinal que ha sido toscamente retocado para borrar dos rostros.

El lienzo que en esencia representa a la Santísima Trinidad pasó “de mano en mano” y fue persistente la sucesión del apellido Carrión por una simple explicación. Las devotas tenían servidumbre o pariente huérfana en número de dos que con el tiempo, cuando profesaban, adquirían el apellido de las religiosas a las que servían.

El traslado del Convento redujo los gastos y el personal allegado; las Sores Irene Carrión y María Concepción abandonaron el monasterio y solicitaron la devolución de la sagrada efigie que “por derecho hereditario les pertenecía”. La imagen se convirtió en peregrina de diferentes domicilios en la ciudad de La Paz, en los cuales se establecía un culto. Una calle en Miraflores; las otras, Juan de la Riva, Mercado, Figueroa, Yungas y México sucesivamente fueron escenarios de la reverencia al lienzo. Se cuenta que el dueño de casa comercial “La Balanza”, en la calle Mercado, murió junto a su familia por “la enfermedad de la exantemática por haber exigido que la milagrosa imagen saliera de su domicilio”.

Sucesivamente la iglesia de San Sebastián y la Capilla de Pura-Pura no pudieron ser sitios permanentes, sino eventuales, de veneración del lienzo pintado al óleo.

En 1910 y 1920 se pretendió un culto más oficial y abierto, hasta que el párroco de la zona El Rosario, otrora Konchupata, lugar donde estaban asentadas las casas de prostitución, bares y cantinas, alquiló una casa en la zona de Chijini, sitio en el cual se quedó la imagen del Señor Jesús del Gran Poder. La ex hacienda Paula Jawira, loteada y vendida a comerciantes en 1926, configuraría, desde entonces, una relación de identidad.
En 1923, en la casa de Braulio Salinas en la calle Eloy Salmón se adoró al lienzo de tres rostros; nació la entrada folclórica y se sacaba la imagen a la calle para ser partícipe de la fiesta en su honor.

En el año 1930, cuando ciudadanos peruanos, por órdenes de Monseñor Sieffert se disponían a terminar su trabajo de retocado de los rostros laterales, se cuenta que la cara principal se movió y los miró con enfado. Los restauradores huyeron despavoridos. Nunca más se supo de ellos.

En 1943 la imagen pretendió ser trasladada al templo de la calle Max Paredes, pero la oposición de los vecinos y la ayuda de otros religiosos, que ocultaron el lienzo, impidió el cumplimiento de la instrucción eclesiástica. En 1948, en la calle Gallardo se inauguró la nueva iglesia.


En 1974 se fundó la Asociación de Conjuntos Folclóricos del Gran Poder. Los señores Lucio Chuquimia y Luis Calderón López fueron quienes fortalecieron y jerarquizaron la veneración. Un año después, vale decir 1975, la entrada folklórica llegó hasta el Paseo El Prado. Desde entonces la ciudad se convierte en una inmensa pasarela, a través de la cual y en su trayecto, los danzarines muestras sus movimientos lancinantes, su fe, sus diferencias socioeconómicas y la construcción de un espacio de diálogo cultural.

La imagen católica del lienzo del Señor Jesús del Gran Poder, originalmente, de tres rostros, fue declarada “contra rito” por la curia eclesiástica. Es el principal motivo que funde la tradición de orígenes aymara y español e incorpora el mito de la piedra sin tiempo. Algunos investigadores afirman que es la fiesta que incorpora el enmascaramiento.

Bibliografía:

  • Los Señores del Gran Poder, Centro de Teología Popular, 1986
  • El Señor del Gran Poder, Separata Presencia, 1992
  • Origen de la devoción al Gran Poder, El Diario, Marcelo Arduz Ruiz, 2004
  • Concierto Boliviano, Apuntes Provisionales, 2007
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